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EXTRAORDINARIO TRABAJO DE Imagenes panoramicas interactivas. - He seleccionado solo las del BIERZO.- En la pagina de sus autores puedes ver una coleccion completa rottodigital.com
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El verdadero meridiano de Greenwich



El verdadero meridiano de Greenwich

El otoño de 2009 me regaló el inmenso placer de visitar Londres en compañía del fotógrafo y amigo Anxo Cabada. Después de muchas jornadas, meses enteros, viajando juntos por las montañas del Bierzo, de Galicia, de Bretaña, por el ancho mundo, el destino nos reunió a los dos en un lugar telúrico: el Real Observatorio de Greenwich. En verdad fue un hermoso día otoñal, pero dejaré esa parte del viaje y nuestro paseo por el Támesis para otra ocasión.
Durante nuestra visita al más importante Observatorio Geográfico y Astronómico mundial, quisimos compartir con la comunidad científica una noticia importante, que puede cambiar los estudios de geografía, los husos horarios, la aviación mundial, el curso de la historia…
Un descubrimiento que iguala en importancia a la ley de la gravedad de Newton, al teléfono de Graham Bell o a la máquina de vapor de James Watt. Durante muchos años, movidos por nuestra admiración hacia los insignes geógrafos, navegantes y exploradores ingleses, todos hemos creído que el Meridiano de Greenwich pasa por Londres, exactamente ¡por Greenwich…!
Cuando en 1884 la conferencia internacional celebrada en Washington, acordó adoptar el meridiano de Greenwich como único meridiano de referencia, como el meridiano inicial, o el meridiano cero, los ilustres geógrafos, estadistas y astrónomos allí convocados -sin duda, los más ilustres de ellos, ingleses- cometieron un grave error geográfico, una medición grosera, una pifia. En realidad, dicho sea sin ningún chauvinismo, el meridiano de Greenwich no pasa por Greenwich: pasa por El Bierzo.
Exactamente, es la línea imaginaria que atraviesa por el Norte los Picos de Europa, en la vertical del monte Peña Ubiña, continúa paralela al cauce del río Sil, roza la cumbre del Catoute y se pierde por el Sur en las estribaciones del Campo de las Danzas.
He comprobado personalmente la veracidad de estos datos con Anxo Cabada, y mis hijas Sandra y Alicia, viajando durante un mes por los valles del Bierzo. Por todas partes encontramos rastros del meridiano cero, huellas históricas que ratifican nuestra teoría. En Las Médulas hallamos una réplica del telescopio de Carlos II de Inglaterra y en una cuba de vino, en una bodega de Cacabelos, apareció la primera mención al tiempo GMT (Greenwich Mean Time).
Tenemos evidencias científicas: hemos grabado el meridiano de Greenwich a su paso por El Bierzo. Algunas fotos de Anxo muestran que el centro del tiempo está en El Bierzo. Y también lo acredita la película Viaje interior por la provincia del Bierzo, hecha –como dice Shakespeare en La tempestad- “con el material con el que se fabrican los sueños”. Te invito, lector, a viajar con nosotros al corazón del Bierzo, siguiendo el meridiano cero: viajemos al interior de nosotros mismos, al centro del tiempo.
El otoño de 2009 me regaló el inmenso placer de visitar Londres en compañía del fotógrafo y amigo Anxo Cabada. Después de muchas jornadas, meses enteros, viajando juntos por las montañas del Bierzo, de Galicia, de Bretaña, por el ancho mundo, el destino nos reunió a los dos en un lugar telúrico: el Real Observatorio de Greenwich.


En verdad fue un hermoso día otoñal, pero dejaré esa parte del viaje y nuestro paseo por el Támesis para otra ocasión.
Durante nuestra visita al más importante Observatorio Geográfico y Astronómico mundial, quisimos compartir con la comunidad científica una noticia importante, que puede cambiar los estudios de geografía, los husos horarios, la aviación mundial, el curso de la historia…
Un descubrimiento que iguala en importancia a la ley de la gravedad de Newton, al teléfono de Graham Bell o a la máquina de vapor de James Watt. Durante muchos años, movidos por nuestra admiración hacia los insignes geógrafos, navegantes y exploradores ingleses, todos hemos creído que el Meridiano de Greenwich pasa por Londres, exactamente ¡por Greenwich…!
Cuando en 1884 la conferencia internacional celebrada en Washington, acordó adoptar el meridiano de Greenwich como único meridiano de referencia, como el meridiano inicial, o el meridiano cero, los ilustres geógrafos, estadistas y astrónomos allí convocados -sin duda, los más ilustres de ellos, ingleses- cometieron un grave error geográfico, una medición grosera, una pifia. En realidad, dicho sea sin ningún chauvinismo, el meridiano de Greenwich no pasa por Greenwich: pasa por El Bierzo.


Exactamente, es la línea imaginaria que atraviesa por el Norte los Picos de Europa, en la vertical del monte Peña Ubiña, continúa paralela al cauce del río Sil, roza la cumbre del Catoute y se pierde por el Sur en las estribaciones del Campo de las Danzas.
He comprobado personalmente la veracidad de estos datos con Anxo Cabada, y mis hijas Sandra y Alicia, viajando durante un mes por los valles del Bierzo.


Por todas partes encontramos rastros del meridiano cero, huellas históricas que ratifican nuestra teoría. En Las Médulas hallamos una réplica del telescopio de Carlos II de Inglaterra y en una cuba de vino, en una bodega de Cacabelos, apareció la primera mención al tiempo GMT (Greenwich Mean Time).
Tenemos evidencias científicas: hemos grabado el meridiano de Greenwich a su paso por El Bierzo. Algunas fotos de Anxo muestran que el centro del tiempo está en El Bierzo. Y también lo acredita la película Viaje interior por la provincia del Bierzo, hecha –como dice Shakespeare en La tempestad- “con el material con el que se fabrican los sueños”. Te invito, lector, a viajar con nosotros al corazón del Bierzo, siguiendo el meridiano cero: viajemos al interior de nosotros mismos, al centro del tiempo.
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El Vierzo de Valentín



El Vierzo de Valentín

Fronterizos. por Miguel Á. Varela, 16 de agosto de 2009


Anda por los escaparates de las librerías el antídoto perfecto contra la anorexia del best seller y la flojera de la erudición localista. Es un libro que impresiona por su volumen (medio millar de páginas, media cuarta de lomo, un millar de fotografías-¦) y que incluye un documental de algo más de una hora en el que un puñado de viajeros anda tras el Shangri-La de ese rincón del noroeste al que todos llamamos Bierzo salvo Valentín Carrera, el responsable de esta maravillosa locura, que recupera la toponimia ancestral más como buceo en la intrahistoria que como capricho estilístico.


El jefe de todo eso es un joven al que ya se le ha caído el pelo que, como Gil y Carrasco, como Pereira o como Guerra Garrido, siempre encuentra un pedazo de su tierra en lo más recóndito de su periplo, y lo cuenta porque sabe que lo más importante del viaje no es el recorrido, sino el propio viajero, que nunca es el mismo al volver. Una llamada de Valentín Carrera es siempre una invitación inesperada ante la que hay que estar alerta. La última vez que llamó a Pereira, el villafranquino se lo puso claro: «Yo voy donde tu digas, pero no me subo ni a caballo ni en globo».


Valentín conoce el tango de Alfredo Le Pera y ha vuelto a recorrer estos valles mil veces recorridos para contárnoslo en un libro que derrocha heterodoxia, esconde humorismo fronterizo, revuelve estereotipos y escarba un poco más en el secreto de esta tierra, inaprensible como la niebla, escurridiza como los recuerdos de infancia. En el Viaje interior por la provincia del Bierzo viven hombres como Luis San Juan, que iluminó su tiempo con la arqueología mítica de una fortaleza en ruinas, o vuelan con alas limpias poetas que se fueron a enamorar y a morir al Berlín imperial. Pero, sobre todo, en el Vierzo de Valentín estamos muchos que desconfiamos de la necesidad de banderas y consignas para amar a la propia tierra, la mejor manera de amar el mundo.
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Un tesoro para el castillo


Un tesoro para el castillo

La fortaleza de Ponferrada mostrará a partir del segundo semestre de este año una colección, única en el mundo, de 250 facsímiles de obras maestras de la escritura sacra y la literatura humanística y científica

DIARIO DE LEON 
REPORTAJE | A. CALVO

19/01/2010

El alcalde de Ponferrada, Carlos López Riesco, ojea cuidadosamente el facsímil de «Las grandes

El castillo de Ponferrada ya tiene su tesoro. Una colección bibliográfica, única en el mundo, que ha sido donada gratuitamente al Ayuntamiento de manera permanente, y que está formada por 250 facsímiles, de los que 148 son libros y documentos reproducidos artesanalmente por las editoriales nacionales e internacionales de mayor prestigio. Los 102 volúmenes restantes, son libros de estudio, fruto del trabajo realizado por los más destacados investigadores dedicados a la historia de la escritura, el arte y la codicología. La muestra permanente estará formada por cien ejemplares -”cuyo valor de compra oscila entre los tres mil y los 60.000 euros-” que se expondrán en la zona palacial del castillo cuando se inaugure en el segundo semestre de este año. Los 50 volúmenes restantes, formarán parte de exposiciones temporales.

Donante berciano y anónimo. El mecenas, de origen berciano y que prefiere permanecer en el anonimato hasta el día de la inauguración, convertirá a Ponferrada en un punto de referencia para el estudio de estos ejemplares. «Si alguien quisiera investigar sobre los doce títulos del beato de Liébana tendría que viajar a Moscú, Nueva York, París o Londres. Ahora en Ponferrada están todos reunidos», apuntó el director de los museos, Javier García Bueso. Entre los facsímiles, la biblia mozárabe de León, el libro de horas de Carlos V, el Libro de Kells o, obras más modernas como un Quijote ilustrado por Dalí o el Cántico de San Juan de la Cruz, grabado por Chillida.

Anualmente, un acto cultural. El coleccionista optó por Ponferrada, a pesar de que también tenía propuestas para mostrar su biblioteca de facsímiles en Madrid o Roma. El alcalde, Carlos López Riesco, ensalzó el valor cultural y el potencial turístico de la colección para la capital berciana y para el propio castillo templario, sin dejar de insistir en el carácter único de la colección. El convenio de la cesión se renovará cada cinco años y el Ayuntamiento está obligado a hacer, al menos una vez al año, un acto cultural relacionado con la muestra y a convertirla en una exposición amena, didáctica y que establezca una relación con el visitante.
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Sócrates en el Bierzo



Sócrates en el Bierzo

por Valentín Carrera
[“Atardecer en Atenas” de Aniceto Núñez, Editorial Ir Indo, Vigo, 2008]
Lector o lectora de Bierzo 7 -por cierto, esta fórmula que parece inventada por Ibarretxe, vascos y vascas, la usa con frecuencia Cervantes en El Quijote-: ¿conoces algún político, empresario, conselleiro, marinero, alto ejecutivo con quien puedas estar en su despacho tranquilamente durante una o dos horas hablando de los Diálogos de Platón? Yo sí: Aniceto Núñez.
Aniceto Núñez García nació en Cacabelos y reúne en su afortunada biografía tres condiciones envidiables: es berciano, es filósofo y está jubilosamente jubilado. Nacido en 1940, anda pues en la edad erótica y es, más que nunca, dueño de su tiempo, de sus lecturas y de sus reflexiones.
Aniceto ha dado recientemente a luz un libro espléndido, de lectura apasionante; pero difícil analizar y trasladar su denso contenido a este breve artículo, por lo que solamente quisiera dejarte hoy, lector o lectriz que paseas tus ojos por las páginas de Bierzo 7, una invitación a la lectura, que escribo desde la amistad duradera y desde el afecto.
En el Instituto Gil y Carrasco de Ponferrada, yo tuve dos imprescindibles profesores de Filosofía. Uno, Adolfo Héctor Alonso Abella, cuyos apuntes puedo revisitar treinta y cinco años después y siguen siendo de claridad diáfana y de sólida consistencia conceptual. Dos, Aniceto Núñez, que nunca me dio clase, pero ejercía entonces en el instituto y en el cineclub el liderazgo intelectual del verdadero maestro, Sócrates.
Mi sorpresa –en realidad no debiera sorprendernos, era previsible- es que al cabo de muchos años, Aniceto Núñez nos regala a todos los amantes de la Filosofía con un ensayo clarividente, “Atardecer en Atenas”. Si hace unas semanas, decíamos aquí que “Los secretos del Sil” de Suárez-Bárcena, inaugura la novela negra en las letras bercianas, no tengo duda de que con “Atardecer en Atenas” entra en nuestro universo literario otro género inédito, la Filosofía, con mayúscula: Sócrates en El Bierzo.
No quiero distraer tus ojos lectores del paisaje ético y estético que Aniceto Núñez contempla, y nos transmite, cuando el sol se oculta tras el Peloponeso y tiñe de fuego las columnas del Partenón. El resplandor de ese sol tiene el color de la verdad: si lo miras de frente es cegador como la luz blanca de la muerte. El resplandor de Sócrates.
A hombros de gigantes
¿Te imaginas, lector, regresar a la Atenas del siglo V y conversar largas tardes con Sócrates, Tucídides, Aristófanes y el joven Platón? Aniceto Núñez lo ha hecho y comparte con nosotros su diálogo, su rica experiencia. El ensayo se estructura en cuatro diálogos platónicos: “Pericles, el comienzo del fin”, donde el filósofo-político analiza la perfección y posterior degeneración de la democracia ateniense; “El diálogo de Melos”, sobre la imposición de la fuerza militar, o simplemente, sobre el abuso de la fuerza como método político; “De la derrota al golpe de Estado”, sobre la dictadura de la calumnia; y “Sócrates: el sueño de Atenas”, sobre la muerte de Sócrates y la muerte civil de Atenas, sumida en el sueño eterno.
Los cuatro ensayos se articulan a partir de textos originales de los protagonistas. Aniceto Núñez les hace hablar y pone en su boca, con rigor y fidelidad, fragmentos de sus propias obras: “Historia de la guerra del Peloponeso”, de Tucídides; “Helénicas” de Jenofonte; y los diálogos de Platón “Apología”, “Critón” y “Fedón”. Pero la obra, cargada de sabiduría, no es farragosa ni erudita: el discurso entrecruzado se desliza con suavidad y, oyéndolo, porque “Atardecer en Atenas” es un libro para leer en voz alta, uno imagina que no pudo ser de otro modo la conversación entre estos cuatro gigantes de la cultura griega. Irónicos, certeros, apasionados, serenos.
Los asuntos de los que Aniceto Núñez nos habla pertenecen a finales del siglo V y principios del IV, pero los temas son de tal actualidad que el autor consigue que Sócrates, Tucídides, Aristófanes y Platón nos hablen de la guerra de Irak, del terrorismo, de la decadencia de nuestra democracia y de todos sus vicios contemporáneos. Con sus minuciosas lecturas de los clásicos, Aniceto consigue el milagro de convertirse a sí mismo en el mejor de los atenienses y convierte a Sócrates y Platón en los más lúcidos cronistas de nuestros días.
-Algo de razón tienes, Aristófanes –intervino el joven Platón-. Creo que los sueños de los políticos se transforman, con mucha frecuencia, en la pesadilla de los ciudadanos.
-Hay que profundizar en el análisis de la naturaleza humana. Ahí reside la verdadera explicación –repone Tucídides.
-Para definir tu punto de vista, te aconsejo que esperes a reunir todos los datos precisos-, recomienda Sócrates a Platón.
Pericles inventa el euro
¿Quieres saber cómo funciona un partido político en el siglo XXI? Lee esta descripción de Sócrates: “Imagínate una nave: hay un patrón, más alto y más fuerte que todos los que están en ella, pero algo sordo, corto de vista y que carece de conocimientos náuticos, mientras los marineros están en disputa sobre el gobierno de la nave, cada uno pensando que debe pilotar él”.
Al final, al patrón le quitan el mando de la nave. Quítate tú, para que me ponga yo. Y así una página tras otra, doscientas páginas densas y de lectura apasionante, de rabiosa actualidad.
Así, vemos cómo nace el euro (el talento): “Con la moneda única, Pericles logró que el puerto de Atenas se convirtiera en el centro comercial del Mediterráneo, al que llegaban todos los recursos del mundo”. Y las restricciones comerciales o el bloqueo de USA a Cuba: “Pericles había prohibido a los megarenses traficar en los mercados del Ática y de todo el imperio ateniense”. Pronto estallará la guerra de Irak-Troya y sabemos que no fue por la belleza de Helena y el honor de Menelao, sino por los pozos de petróleo: “el dinero, la ambición de poder, el control del comercio, el dominio de las materias primas necesarias…”
Repara de nuevo, amante de la Filosofía, que Aniceto Núñez está hablando en todo momento de Atenas en el siglo V, no de Bush ni de Aznar… ¿o tal vez sí?: “Quien puede utilizar la fuerza no tiene ninguna necesidad de acudir a pleitos”, afirma Tucídides a propósito del imperialismo expansivo de Pericles. La obstinación, la terca obstinación de la violencia.
Verano del 432, Pericles se niega a levantar el embargo comercial a Megara e insiste: “la guerra es inevitable”. La guerra sobreviene “y el individuo desaparece ante las razones de Estado”. Aristófanes lo lamenta: “cometió una equivocación tan monstruosa que costó la vida a miles y miles de atenienses y logró que la Atenas próspera y respetada se transformara en la Atenas despreciada y odiada por todos los griegos”.
Porque, en efecto, concluye Platón viendo de lejos la invasión de Irak, “el mal parece un bien a aquel a quien un dios ha vuelto ciego. Y ninguna ciudad puede ser libre si no son libres las demás ciudades”.
La destrucción por la calumnia
Y así, una tras otra, Aniceto Núñez engarza doscientas páginas de Filosofía, de Diálogo, de Política, guiadas por la exigencia ética de Sócrates, la búsqueda de la verdad, caiga quien caiga. El filósofo cacabelense analiza la corrupción de la democracia: “No lo olvides nunca, Platón: la democracia es el imperio de la ley”. Y el poder terrible de la calumnia: por ejemplo, propagar que Clístenes era homosexual para paralizar su reforma política, ¿acaso no suena a podredumbre reciente, a prensa bazofia, a televisión basura?
En la falsa democracia, primero se denigra mediante el rumor y la insidia al rival, al que discrepa, al que no comulga con ruedas de molino, al heterodoxo. El paso siguiente es el ostracismo, la muerte civil del opositor. “El ostracismo –pone Aniceto en boca de Sócrates- se convirtió en arma mortífera para todo aquel que opinara libremente sobre cualquier asunto, político o ideológico”.
Sócrates anticipa su propia muerte, que “Atardecer en Atenas” nos describe en sus emocionadas páginas finales. Antes desfilan por el libro los funcionarios y pensionistas ociosos, “más de la mitad de los atenienses recibían dinero del Estado”; la megalomanía de la Ciudad de la Cultura y similares, “las obras de la Acrópolis significaron un insulto a todas las ciudades aliadas… Atenas se parecía a una mujer manirrota que deseaba joyas y piedras preciosas. El uso correcto de los recursos públicos –concluye Aristófanes Núñez- es tarea fundamental de un gobernante”.
Y todo ello, con la fuerza única de la palabra, con el diálogo como soporte y como método: “el conocimiento se desarrolla en el diálogo a través del lenguaje”. Sócrates inmortal, Sócrates forever, Sócrates universal. Sócrates en El Bierzo, porque, desde el Castro Bergidum, los ojos insobornables de Sócrates siguen contemplando cada tarde el atardecer de Atenas.
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Gil y Carrasco: templario, gay y masón.



Gil y Carrasco: templario, gay y masón.


Las cenizas vivas de la memoria de Enrique Gil y Carrasco resurgen en esta nueva entrega de
Viaje interior por la provincia del Bierzo.
Un capítulo sobre masonería, homosexualidad y templarios; sobre el escritor romántico y su relación con Humboldt…
Saliendo Del Armario
tambien en doc
Saliendo Del Armario (en doc )
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Ponferrada: capital templaria



Ponferrada: capital templaria


De todos es sabido que en los últimos años proliferan las fiestas, mercados y torneos medievales, unos más afortunadas y serios y otros terriblemente patéticos. Desde la Festa da Historia de Ribadavia, que lleva más de treinta años convocando el último domingo de agosto a miles de personas ataviadas a la vieja usanza, hasta la Feira Franca de Pontevedra, pasando por las de Carracedo, Folgoso, Noia, Astorga (¡de romanos, claro!). Tecleas “fiestas medievales” en Google y salen 1.400 resultados en 0,32 segundos, o sea que es lo que hay.
Pero de todos, yo escojo la Noche Templaria de Ponferrada, no porque sea la mejor del mundo mundial -uno es ponferradino, pero no hooligan-, sino porque estoy convencido de que en poco tiempo Ponferrada está destinada a convertirse en la verdadera capital templaria de España y resto del planeta (templario).
Al igual que Carcasonne [Le Pays Cathare] convoca en el Sur de Francia anualmente a miles de visitantes atraídos por la historia y la leyenda de los cátaros, Ponferrada tiene que convertirse en el faro de la historia y la leyenda del Temple. Cátaros y templarios, dos caras de una misma tragedia, en la que se une el misterio, la persecución, las verdades sagradas y las torturas de la Inquisición.
El novelista Enrique Gil y Carrasco avala con su obra “El Señor de Bembibre” la enjundia templaria de Ponferrada y El Bierzo. Sigue siendo nuestra legendaria partida de nacimiento, nuestra piedra filosofal. Pero Gil y Carrasco fue mucho más que el petimetre romántico y atildado, algo ñoño, que describen sus biógrafos políticamente correctos, como Picoche, y repiten a coro los demás. Sostengo que Gil y Carrasco fue un heterodoxo laico y sensible, un proscrito político y sexual, obligado a vivir en el armario, un tipo con amistades peligrosas: Espronceda, Zorrilla, Larra, Humboldt.
Que no se ofendan los de Villafranca, no va con ellos: Gil y Carrasco fue cualquier cosa menos villafranquino. Siendo Enrique un niño, a su padre le dio una patada en el culo el Marqués de Villafranca y la familia salió pitando, se instaló en Ponferrada y Gil nunca más quiso saber de la villa de ingrato recuerdo. De modo que menos cuentos y menos carantoñas. Hay que coger el toro de la historia por los cuernos y descubrir, sin tanta complacencia, la persona oculta, admirable y profunda, que nos han tapado tantos historiadores caritativos.
El verdadero Gil y Carrasco, el ponferradino, cátaro, gay, templario y masón, verá con buenos ojos que convirtamos a la ciudad de Ponferrada en la Carcasonne ibérica. ¡Y que la Santa Inquisición nos perdone!
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Antonio González-Guerrero: Nos queda la memoria: al menos, la memoria



Enviado por VRedondof a través de Google Reader:

vía El blog del bierzo de elia el 2/12/09
por Valentín Carrera
La preparación de mi libro "Viaje interior por la provincia del Bierzo", del que espero dar pronto alguna primicia a los lectores de Bierzo 7, me está obligando a un ejercicio de lectura y relectura de mis autores bercianos preferidos, que está siendo una extraordinaria fuente de placer y satisfacción, a la que no puedo dedicar todo el tiempo que me gustaría.
A modo de viaje literario, he revisitado mi colección de poesía berciana, que es nuestro género más caudaloso y sin querer, cogiendo de aquí y de allá, he reunido una decena de libros de Antonio González-Guerrero, con quien compartí columnas en Aquiana, cuando los dos éramos "tan" jóvenes.
Su ausencia reciente, imprevista, me ha cogido por sorpresa; pero todas las muertes son inesperadas, incluso las más previsibles. La de González-Guerrero es sentida, porque a lo largo de veinte años habíamos ido trenzando un hilo de correspondencia en la distancia, que me hacía sentirme unido a su magnífica poesía.
De la colección que he apilado sobre la mesa, me sorprenden en primer lugar los títulos que Antonio escogía para sus libros: El peso de mi sombra, Los tres estados del alma y otros relatos, No le pongas grilletes a la aurora, Amalur, Génesis del recuerdo, Memorias de la desesperanza, Poemas del corazón ausente, Bajo la agria luz de los cerezos, Carta irlandesa, Los dioses y los días, El país de la nieve, Tomaré nuevamente la palabra, Pentagrama de junio, Recurso a la memoria y, al fin, Catulo en Malasaña.
Los títulos todos, ensartados en un hilo de seda, componen un nuevo poema heraldo de una obra entera, sólida, coherente, generosa.
El peso de mi sombra
Dejaré que hable la amistad y el afecto. Abro la humilde tercera edición en la Colección "La otra palabra", Mataró, 1982. Tengo, como muchos, la costumbre de guardar notas, apuntes, cartas, recuerdos, entre las páginas de los libros leídos; como pétalos secos conservan el aroma y cuando vuelves a ellos te transportan recuerdos frescos.
En la solapa de El peso de mi sombra guardé una tarjeta manuscrita de Antonio González-Guerrero, Paseo de las Delicias, Madrid, podía haber puesto de no ser tan humilde, paseo de las Delicias, Corullón. La tarjeta de 13-9-82, me felicita por un pequeño éxito profesional y añade:
"Para los que amamos El Bierzo, el éxito de uno de nuestros paisanos lo recibimos como algo nuestro. [El peso de mi sombra] es un libro de juventud con sus altibajos, pero es también el libro de las ilusiones; es decir, la culminación de un deseo de ver nuestro nombre en letra de imprenta, que tenemos los jóvenes escritores y poetas -¿vanidad?-, cuando todavía no hemos publicado nada. Después, las cosas cambian y uno piensa que los versos estarían mejor en el cajón".
Así era Antonio González-Guerrero: la amistad en la distancia, la humildad del poeta joven que duda de su propia valía, el tesón de los versos construidos noche a noche, labio a labio. Y en soledad. Este primer libro es, ya lo dijo su autor, juvenil, impetuoso, inocente, travieso y a veces procaz: "Cierran los tulipanes su encrestada vagina de amarillo himen".
Poemas carnales y húmedos en los que afloran besos, lágrimas, pupilas, suspiros, ecos románticos, rebeldía adolescente:
Ayer. Fue solo ayer y ya han pasado
enjambres de primaveras preñadas de miel
y acíbar.
Vino luego Los tres estados del alma, escrito en la Escuela de la Vida, con dibujos de su hermana Albertina, y pronto el luminoso "No le pongas grilletes a la aurora": te creyeron gaviota y eres verso.
En 1984, Antonio publica Amalur, dedicado "a mi Bierzo amado, que me diste la sonrisa y la lágrima en octubre", en el que incluye una breve Obertura de Cristóbal Halffter.
Tu voz me llega, Amalur, desde los mares,
sobre el tacto mojado del amigo,
perdida entre las crestas de los viejos
tímpanos de mi verdad ensordecida,
hoy que en el corazón mandan las sombras
por miedo a esa palabra que apenas te pronuncia.
En 1994 recibí, como siempre dedicado de su puño y letra, Bajo la agria luz de los cerezos: "Te comunico, amor que hay una Guerra", que tiene más de aforismo y pensamiento que de poesía: "El amor no es un lobo que acecha en los caminos; es un río de azahar donde la vida bebe".Poemario del que quiero destacar el "Llanto por un amigo enamorado": Y lloro tu derrota como si fuera mía.
Dos años después, en el 96, apareció una preciosa edición de Carta irlandesa, un libre muy breve y original, más histórico que lírico. En ese mismo año, El país de la nieve representa un momento culminante en la obra de Antonio González-Guerrero, donde cada verso es una raíz afincada en lo profundo, indagando el origen:
Durante largas noches los bardos recorrieron las montañas con las liras ardiendo y el sagum de lignito orlando los caballos.
Buscaban el país del muérdago y el roble, del alce redentor
y las bestias sagradas.
(…)
Aquí estuvo el país del fuego y de la nieve, de las cigüeñas rojas y los dioses tardíos.
La piedra del perdón donde oraron los celtas, y el valle del silencio donde mi alma se habita.
Aquí estuvo el país del sacho y de los bueyes, de las vírgenes dulces y el castaño manso.
País de los alisos o de las vides verdes. Y acacias de algodón que en junio se apedrean.
Aquí estuvimos todos, que la memoria es río que lejos de agostarse se hace invierno y perdura.
Aquí estuvimos todos en la entraña del tiempo. O en ese campo santo donde yacen los mártires.
País para la unción, cenobio del errante;
Terruño de humildad donde vengo a morirme.
Vinieron años de lejanía, pero Antonio reaparecía como un guadiana insumergible, con su Pentagrama de junio y su Recurso a la memoria (léase: "En Corullón, una noche de verano, una joven esposa sorprende a su marido haciendo el amor con un adolescente"), hasta llegar a Catulo en Malasaña, editado aquí mismo por Hontanar, que es una obra de rotunda madurez, sin titubeos, clara y concisa como el alba, sin máscaras ni aspavientos, desnuda la verdad. Poemas como Carpe Diem, visitas a la Ilíada, a los clásicos griegos y latinos: un Vesubio de nieve en Malasaña.
Estoy seguro de que antes de partir y dejarnos la memoria, "al menos la memoria", Antonio González-Guerrero dejó guardados muchos versos en ese cajón del que apenas se atrevía a sacar sus primeros poemas. Quizás el futuro nos depare un nuevo poemario inédito, pero entretanto, te invito lector a coger cualquiera de los libros de poesía de Antonio y salir esta primavera a pasear, como hiciste cuando tenías quince años y leíamos en alto las rimas de Bécquer, recostados entre las amapolas.

Cosas que puedes hacer desde aquí:

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LEYENDA DEL BIERZO


LEYENDA DEL BIERZO
(La verdadera historia de las Médulas)
"El Bierzo un país encantado"
Carisio y Borenia
icon-e.gif (1946 bytes)l joven general Carisio estaba perdidamente enamorado de la bellísima hija de Medulio: Borenia. Después del desastre que sufrieron las legiones de su mando, Carisio juró vencer a los astures y conseguir el amor de la hermosa doncella. Alrededor del Tejo, los guerreros celtas celebraron su ritual de guerra, implorando protección y fortaleza a los espíritus de sus antepasados. Poco después se produjo el inevitable enfrentamiento. Se desató la terrible batalla y Medulio murió por un rayo, que a la vez fundió sus tesoros y los esparció en pepitas en la masa granítica de la montaña. Borenia huyó al bosque como le había dicho su padre y allí esperó y esperó llena de incertidumbre y angustia. Carisio fue a su encuentro y la engañó diciéndole que habían firmado la paz. Con la alegre noticia la muchacha se dejó seducir por el apuesto Carisio. A la mañana siguiente Borenia regresó a su pueblo. Ante sus atónitos ojos, observó aterrorizada que su pueblo ha sido sometido y esclavizado por los romanos. Tanto lloró Borenia que sus lágrimas inundaron poco a poco aquel valle, hasta formar un lago cuyas aguas arrastraron su cuerpo hasta el fondo, mientras que su espíritu se transformó en una ondina: la ondina Caricea. Desde entonces, allí habita el espíritu de Borenia y no son pocos los que aseguran haberla visto peinando sus cabellos dorados a la orilla del lago en las noches de San Juan.

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Secretos del Sil: La novela negra entra en la literatura berciana por la puerta grande


Secretos del Sil: La novela negra entra en la literatura berciana por la puerta grande

6 Noviembre 2009 en: Letras bercianasViaje interior por la provincia del Bierzo
por Valentín Carrera, 12 de febrero de 2009

Los secretos del Sil






[“Los secretos del Sil”, de Arturo Suárez-Bárcena, Editorial GrupoBuho, 2008.]


Suele decirse que la madurez de una literatura –la gallega, la catalana, la sueca-, se mide por la pluralidad de géneros que abarca. Que una literatura emergente tenga poetas, parece obvio: siendo el género más difícil, resulta ser el más frecuentado. Que tenga una docena de novelas sólidas, es más raro. Que una literatura tenga, además, autores de teatro o de libros infantiles, ensayos históricos y científicos, requiere ya una producción consolidada. Cuando aparecen los “otros géneros” –la ciencia-ficción, la novela negra o la policíaca, la novela erótica y todos los demás-, estamos ante una literatura en plenitud.
Hace décadas, los libros que se escribían y publicaban en El Bierzo respondían a la etapa adolescente: mucha poesía, alguna primera novela, viajes, relatos, cuentos. Y entiéndase que si hablo de cuentos, pensando en los de Pereira, lo de adolescente elogia su vitalidad juvenil. Pero convengamos en que era relativamente fácil, hace treinta años, llevar la cuenta de los libros y de los autores bercianos.
Por fortuna, nuestra literatura ha madurado y la producción de los autores bercianos abarca cada día más géneros, es más plural y diversa, más sólida y más fructífera. Goza de buena salud. Prueba de ello es un libro de reciente publicación, gracias al cual la novela negra entra de lleno, por la puerta grande, en la literatura berciana. Salvo desconocimiento mío, que bien pudiera ser, hasta hoy no se había publicado en El Bierzo ninguna novela negra. Descubrir ésta y leerla intensamente, ha sido mi mejor regalo estas navidades.
La novela es “Los secretos del Sil”, de un autor joven, Arturo Suárez-Bárcena Bombín, berciano por la parte “do más pecado había”, vamos, de los Suárez-Bárcena de Priaranza, de toda la vida. Este cabrón escribe como le da la gana y se ríe de todo y de todos. Frase corta, contundente, que estalla en los ojos del lector.
La sórdida noche ponferradina
El protagonista de “Los secretos del Sil” es Fran, Francisco, un abogado joven, culto, cínico, dandy venido a menos, metido en asuntos turbios, noctámbulo y que sobrelleva su lucidez ahogándola en güisqui. “El whisky me da escalofríos de placer, ideas de plata falsa, de monedas que al primer mordisco se doblan; el whisky es el apretón de una mano amiga, el beso de una novicia, una llama líquida, un elixir de la eterna juventud que frente al espejo nos borra las arrugas”.
Entre Francisco y Arturo Suárez-Bárcena hay ciertas coincidencias: los dos son jóvenes, cultos y escritores. Espero que ahí se acabe el paralelismo, por la parte que le toca a mi prima Ana, no sé si casada con Francisco y enamorada de Arturo o al revés. Con o sin desdoblamiento de personalidad, Suárez-Bárcena construye un personaje digno de Montalbán o de Simenon.
El abogado ponferradino Francisco es un perfecto canalla, que vive en la avenida Pérez Colino, número trece; tiene una asistenta gallega, Rosario; y conduce un land rover escangallao, con un corcho como tapón del gasoil. La road movie urbana por la que transita “Los secretos del Sil” es una permanente provocación, un puto escándalo que mantiene al lector en vilo como si se hubiera tomado un tripi para navegar por las tripas de la ciudad y sus bajos fondos, “con la luna ahorcada por los tejados”.
Ni una línea de costumbrismo –ni una maldita cita del botillo nacional-, nada de seres rupestres, la novela de Arturo Suárez-Bárcena es vanguardia (que no vanguardismo) y se nutre de la actualidad más inmediata. Hasta la descripción del castillo es de novela negra, como corresponde: “El castillo es un guardián, un hacha de madera, un miedo visceral, no me gusta”.
Bolleras, bujarras y macarras
En las 320 intensas páginas de “Los secretos del Sil” solo hay una mentira. En la primera página, entre los créditos y el copyright, dice: “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”. Falso.
Con este recurso medio literario, medio jurídico –no vaya a ser que se querelle el vecino real de Pérez Colino 13, el que se tira a la asistenta, o la inexperta jueza sustituta del 6, más claro agua y en botella-, Arturo esquiva las responsabilidades de Francisco, o Francisco las de Arturo, porque lo que de verdad le interesa al lector ponferradino (aunque la novela es para el mundo mundial) es el morbo, coño, quiénes son con nombre y apellido esas dos bolleras, Melania, ojos modernistas, y Violeta, Violeta y Melania, que se meten mano en un mercedes descapotable. No, no, monina, la que estuvo en París es Melania; sí, ésa, la hija de… ya me entiendes.
Pues claro que se entiende todo. Las descripciones de Fran son tan certeras que no se escapa ni un solo personaje, de modo que prevengo al lector: cualquier parecido con la realidad, es la realidad. Porque, aunque hasta ahora no habían entrado en la pudorosa literatura berciana, dada a pocos excesos, en Ponferrada hay lesbianas y macarras, abogados bujarras y heroinómanos colgados del pico, jueces tontos y periodistas corruptos.
Y en la noche ponferradina circula droga, mucha droga, y alcohol, mucha “perdiz con hielo”. Lo sé, porque yo, como Fran, también he vivido el lado oscuro de la ciudad, y he amanecido entre Melania y Violeta, que en mi época se llamaban Maite y Chelo, rubias de bote y bolleras por la novedad. “El amor, cuando se ha ido, se reduce a su condición más fecal”. Y también visité el piso del Turco, y la casa del humanista Gerardo, que en la Ponferrada de 1976 era Paco, “como un ángel protector, como un ángel caído”.
El protagonista, un tipo con “necrosis neuronal”, heredero de Bogart, ve la discoteca como “un estómago ulcerado, un pozo de fango, una cloaca infecta; por momentos me siento asqueado con todo, harto de todo, cansado, triste y viejo”. Tras lo cual, el tío se ríe de sí mismo y se tira a Mirella en un polvo poliédrico, Fran con desgana, aportando lo justo, bajo un prisma de espejos como los que había en Richmond o en Nevada. Solo que entonces en Richmond y en Nevada apenas se follaba.
La verdadera historia de “Los secretos del Sil” es la historia de un asesinato a conciencia, con una frialdad y cinismo que paralizan al lector. Contiene ecos estremecedores de “A sangre fría”, de Truman Capote, de la reciente “Gomorra” de Saviano y perfume a cinismo de Beigbeder en “Socorro, perdón”.
“Todos dicen que estoy acabado, como abogado y como escritor. La pequeña ciudad, burgueses, plebe, payos y gitanos, los rústicos, los snobs, los notarios, los basureros, los procuradores, las cajeras, los banqueros, las prostitutas, las beatas, se unen para gritar a coro que estoy acabado”. Como en las mejores novelas negras, el final sorprende y estremece. Durante toda mi lectura, tomé notas aquí y allá, pequeños subrayados: no pude hacerlo en las últimas veinte páginas que se leen de un tirón, con un nudo en la garganta, antes de gritar, ¡qué hijo de puta el Fran!
Basta con lo dicho: “Los secretos del Sil” es una novela profundamente ponferradina, sin botillos ni morenicas, que le toma el pulso a la cara oculta de la ciudad y a sus miserias.
Un autor que ha venido para quedarse
Pero hay algo más que quisiera decir sobre el autor, sobre el hallazgo de Arturo Suárez-Bárcena, y no lo digo porque sea el canalla de mi primo, o el alter ego canalla del marido de mi prima. Me pierdo. Tenemos otros parentescos en común: yo también soy más de Elvis y de Serrat, y mi frase favorita a una mujer es “¡Cuídate!”. Te aseguro lector que no hay complacencia en el elogio, pero hace tiempo que no encontraba un escritor en estado de gracia. Permanezcan atentos a la pantalla: los escritores de la nueva generación han venido para quedarse.
“Daniel Cachón, de una sola ceja espesa y oleada”. Lo estoy viendo. “El humo que asciende como un caligrama de Apollinaire”. Suárez-Bárcena deja claras sus sórdidas preferencias literarias: sus evangelios son Cernuda, Manuel Machado, algo de Borges, Miguel Hernández, Proust, Cervantes, Lorca, Bécquer, Coelho, Barbey, William Blake: “Si el sol dudase un momento, se apagaría”.
Fran/Arturo exclama: “Hay a quien se le pegan los estribillos de Bisbal y a quienes nos pasa con los versos de Quevedo”. Tudescos moscos de los sorbos finos. O sea, lo habitual en todo letrado ponferradino. Sus diez mandamientos, y los míos, se resumen en “La canción del pirata”: Que es mi dios la libertad, mi ley la fuerza del viento, mi única patria la mar.
No sé si lo he dicho, pero en la novela hay finalmente el asesinato de un niño triste que come cebollas. Ni una palabra más sobre el final. Por cierto, creo que, con el libro en la mano como prueba de auto-inculpación, el Juzgado debería reabrir el caso y proseguir la investigación. Tal vez la iglesia de Otero de Vizbayo guarda el tesoro del último templario.
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