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EXTRAORDINARIO TRABAJO DE Imagenes panoramicas interactivas. - He seleccionado solo las del BIERZO.- En la pagina de sus autores puedes ver una coleccion completa rottodigital.com
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[ALBUM] Puente Mascarón, sobre el río Boeza


Año 1886. Puente Mascarón, sobre el río Boeza, también llamado «puente romano», equivocadamente, pues es medieval. Quizás hubo otro puente cerca: en el paraje conocido como Los Pilares, hasta 1949 se apreciaban bajo las aguas las ruinas de un gran pilar en la margen izquierda. Parece ser que las de la margen derecha fueron volados por buscadores de wolframio. En esta misma zona, río arriba, estaba el Paso de la Barca, puente de origen romano que dio origen al asentamiento de Pomboeza, donde en el siglo XII hubo una ermita y una hospedería.

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Publicado por VRedondoF para ALBUM el 7/28/2008 06:50:00 PM
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[ALBUM] campo de fútbol en el patio del Castillo

Ya en el siglo XX, los pioneros del balompié intentaron hacer un campo de fútbol en el patio del Castillo, se derribó el arco izquierdo del Moclín, se hicieron reconstrucciones salvajes y rampas atroces... A pesar de todo, este «dinosaurio» arquitectónico conserva su estampa majestuosa que simboliza la memoria de Ponferrada.

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Publicado por VRedondoF para ALBUM el 7/26/2008 06:49:00 PM
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[ALBUM] el Ayuntamiento declaró el Castillo cantera municipal

El 1848, el Ayuntamiento declaró el Castillo cantera municipal: sus piedras aún pueden verse en los muros del cementerio del Carmen y en casa de La Borreca.

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Publicado por VRedondoF para ALBUM el 7/24/2008 06:48:00 PM
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[ALBUM] Hasta la francesada de 1811

Hasta la francesada de 1811, el Castillo de los Templarios se conservó casi intacto: puente levadizo, foso, tres líneas defensivas, torre del homenaje...

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Publicado por VRedondoF para ALBUM el 7/22/2008 06:47:00 PM
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[ALBUM] Castillo de los templarios

El Castillo de los Templarios es, por toda excelencia, la primera joya arquitectónica, pero este título no le ha servido de nada, pues es también el edificio más maltratado y ultrajado de la ciudad. La ciudadela inicial pasó en 1178 a depender de los Caballeros del Temple, que ampliaron y fortificaron hasta el año 1282 este recinto de ocho mil metros cuadrados. El recordado médico ponferradino Luis San Juan sostenía la magnífica teoría de que en este Castillo pudiera estar enterrada el Arca de la Alianza. «Lo que está arriba es como lo que está abajo», dice la Tabla Esmeraldina. Así, la planta del Castillo representa una constelación celeste con las doce casas del Zodiaco dibujadas en las doce torres del Castillo, todas diferentes. La presencia del Bafomet y de la Rosa (principales símbolos templarios) subrayan la importancia de esta Baylía (cabeza regional), que inspiró a Enrique Gil y Carrasco la mejor novela histórica del romanticismo. Con la caída de los templarios, el Castillo pasó de mano en mano, fue propiedad de los Condes de Lemos, de los Manrique, de los Castro, de los Reyes Católicos (1486) y del Marqués de Villafranca (1558).

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Publicado por VRedondoF para ALBUM el 7/20/2008 06:47:00 PM
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[ALBUM] Parte Norte del Castillo de los Templarios



Parte Norte del Castillo de los Templarios

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Publicado por VRedondoF para ALBUM el 7/18/2008 06:45:00 PM
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[ALBUM] Vista aérea del Castillo de los Templarios

Vista aérea del Castillo de los Templarios

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Publicado por VRedondoF para ALBUM el 7/16/2008 06:46:00 PM
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[ALBUM] Vista general desde las Huertas del Sacramento

Vista general desde las Huertas del Sacramento

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Publicado por VRedondoF para ALBUM el 7/14/2008 06:43:00 PM
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[ALBUM] Ponferrada. León. Puente romano Boeza




Ponferrada. León. Puente romano Boeza


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Publicado por VRedondoF para ALBUM el 7/12/2008 06:42:00 PM
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[ALBUM] Puente sobre el río Sil.

Puente sobre el río Sil. Se supone que el pontón era de madera y Osmundo pagó las primeras barandillas de hierro el año 1082. «En la Baja Edad Media fue rehecho en piedra por el arquitecto F. July que estuvo preso porque el contratista se le fugó con 50.000 maravedíes. En 1532 la bóveda de sillería ya estaba terminada, en 1775 se restauró íntegramente aumentando la luz a 80 pies, lo que merece el elogio de Jovellanos, a su paso por Ponferrada. La última reparación respetuosa fue en 1830, conservando los sillares, mamposterías y las albardillas de granito que protegían a los viandantes. Todo ello desapareció en 1953 gracias a un nefasto proyecto que emparedó la bóveda antigua entre dos gruesos muros y arcos de hormigón y eliminó los pretiles de granito y cualquier otro elemento identificativo, para sustituirlo por una vulgar barandilla metálica» (Fernández Ordóñez-Abad Chías).

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Publicado por VRedondoF para ALBUM el 7/10/2008 06:40:00 PM
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[ALBUM] Un paso de peregrinos sobre el río Sil

Un paso de peregrinos sobre el río Sil
La ciudad de Ponferrada nació gracias al río Sil. Un río es a un tiempo frontera física y lugar de paso, linde entre líneas y pueblos, o mirada que se abraza de orilla a orilla. El río Sil era lugar de paso obligado en los caminos de la Meseta al Mar y del Mar a la Meseta. Los primeros exploradores (andando el tiempo se llamaron peregrinos) buscaban los vados. No siempre era fácil. En primavera el río se crecía y las avenidas cambiaban los fondos y bajíos. Quizás por ello los romeros venían en septiembre, cuando el río baja bebido por la sed del verano.
En las orillas del valle más cómodo no crecía la hierba: se hizo camino. Aquí hubo barcas y barqueros: pequeñas almadías de tablas y troncos entrelazados con cuerdas de cáñamo. Las caballerías, por no pagar el peaje, pasaban a veces a nado, atadas por el ronzal, boqueando tras la barcaza.
El río determinó el vado, el vado se hizo paso, el paso puente, y el puente, ciudad: hospital y posada de peregrinos, castillo. Los caminantes temían al río y lo respetaban: sus crecidas hacían fértiles las huertas del Sacramento, cuyo pimientos lograron fama propia, acrecentada, cuando adornaban una fuente de truchas.
Las casas de la ciudad se prolongaban por las laderas del río: era lavadero y tendedero, pozo y cloaca, guardería infantil y piscina municipal. Lo era todo a un tiempo: hogar e industria. A la orilla del río hubo un balneario, molinos, una fábrica de jabón, areneras y pequeñas centrales eléctricas.
Un día aciago la ciudad traicionó a su río. Las casas que antaño se quedaban de piedra contemplando el incesante fluir de las aguas, fueron girándose, retorcidas, al tiempo que se estiraban en el aire, y dieron la espalda al río.
Ahora las casas se miraban unas a las otras desde orillas de cemento, divididas por ríos de asfalto en los que vadear llegó a ser más peligroso que en la más caudalosa de las crecidas.
Se adueñó de la ciudad y de sus vecinos muy extraña fiebre: la peste negra. Bajo los campos verdes había árboles petrificados: tejieron túneles y galerías y muchos hombres murieron. Una mancha negra creció en torno a la ciudad y pronto el cáncer invadió sus pulmones: un lavadero, un quiste de carbonilla, una escombrera, un tumor desaforado.
La ciudad prosiguió su carrera insensata: las aguas cristalinas del río se hicieron turbias y las piedras limpias se tapizaron de lodos negros, como la peste que asolaba a la ciudad. Los niños dejaron de bañarse en las pozas conocidas y los más valientes, que se arrojaban desde el puente por un duro, crecieron añorando las piscinas naturales y los trampolines improvisados en las ramas de un chopo caído o de un sauce aventurado sobre las aguas.
Veinte años más tarde aquellos mismos niños que buceaban en las pozas advirtieron que sus hijos no iban al río y construyeron pozas de cemento y trampolines con barandillas de hierro pintadas de azul. Así, los niños nuevos aprendieron a nadar sin llegar a bañarse nunca en el río de la ciudad.
El río se murió de pena y de asco: llegó a tener las aguas putrefactas, en las orillas donde las mujeres tendían la ropa crecieron las zarzas y bajo los rastrojos, atraídas por la abundancia de desperdicios, se multiplicaron las ratas. Bajo los puentes plantaban sus tiendas de lona, a veces, los gitanos. Las huertas se transformaron en solares, se cerraron los molinos y las fábricas. Aquellos mismos niños que nunca se bañaron en las aguas negras, salían en primavera con escopetas de aire comprimido y, cuando comenzaron a escasear los estorninos, hacían puntería reventando balines en los vientres de las ratas.
La ciudad había aprendido a despreciarse a sí misma.

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Publicado por VRedondoF para ALBUM el 7/08/2008 06:39:00 PM
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[ALBUM] Introducción

Introducción
El monumento dedicado a Nicéphore Niépce en Saint-Loup-de-Varennes (Borgoña) data la invención de la fotografía en 1822, pero investigaciones más recientes sitúan «la primera fotografía de la historia» en 1816, cuando Niépce lograr fijar por vez primera una imagen de la cámara oscura sobre papel tratado con cloruro de plata.
Veinte años después, en 1839, el parisino Daguerre, continuador de los trabajos de Niépce, presenta ante la Academia de Ciencias un procedimiento fotográfico basado en una placa de cobre plateado revelada con vapores de mercurio y fijada con hiposulfito. El verdadero Cristóbal Colón de la fotografía, Niépce, ya había muerto cuando Daguerre –nuestro Américo Vespucio– dio su nombre al daguerrotipo».
El procedimiento del daguerrotipo inicia, a partir de 1840, la expansión imparable de la técnica y el arte fotográficos: evolucionan las cámaras, aparece la placa seca de gelatino-bromuro (1871) o la placa de cristal estereoscópica (1838) que, contemplada con un visor binocular, da sensación de relieve, ya anticipada por Leonardo da Vinci.
El mundo entero comienza a interesarse por el nuevo fenómeno que conquista por igual a científicos de renombre, como Ramón y Cajal, que a reyes, o a los campesinos que posan entusiasmados ante el caballete de feria.
Si el 7 de enero d 1839 es la fecha de difusión pública del daguerrotipo, apenas diez meses después, el 10 de noviembre, se reproduce en Barcelona el primer daguerrotipo, con una cámara que costó a la Real Academia de Ciencias y Artes 1.946 reales de vellón. Había sido adquirida a propuesta de Felipe Monlau, catalán residente en París que seguía de cerca la evolución del invento fotográfico.
Casi simultáneamente, el químico Juan Pérez y Camps reproduce el primer daguerrotipo en Madrid. Es curioso observar que estos precursores, tan bien informados de lo que ocurría en París, operaban aisladamente, sin saber unos de los otros.
La expansión de la fotografía en las décadas siguientes se opera progresivamente por todo el país, afirmándose el fenómeno entre el público con la aparición de los «estudios de retratos», que harán furor en las calles principales de las grandes capitales a partir de 1860.
Son célebres en esta época los estudios de Laurent en la Puerta del Sol, de Emili Fernández en Barcelona, de José Sierra Payba en Sevilla o de Judez en Zaragoza. A partir de este momento y especialmente con el nuevo siglo, la fotografía ya no faltará en ningún acontecimiento de la vida española, desde una boda popular al encuentro de Isabel II con sor Patrocinio o la ejecución de Angiolillo, el asesino de Cánovas.
En Galicia –cuya proximidad con El Bierzo nos interesa– el daguerrotipo entra por A Coruña en 1843 (E. Luar) y alcanza relevancia social con ocasión de la Exposición Regional de Santiago (1858). Al año siguiente, Cisneros instala la Galería Talbot Fotográfica en la Rúa Nova de Santiago y, pronto, a los retratistas sucederán los paisajistas con álbumes como Compostela monumental (1882) o Galicia pintoresca, de Prosperi. Era la época de las placas de cristal de gelatino-bromuro que se popularizan con el cambio de siglo; pronto surgen los aficionados a la fotografía y, hacia 1905, el boom de la postal.
Orígenes de la fotografía en el Bierzo
A pesar de la cercanía de Galicia y León, los datos disponibles sobre la llegada de la fotografía al Bierzo no permiten datar con exactitud la fecha en que la primera cámara o el primer estereoscopio cruzaron los puertos de Manzanal, Pedrafita o Pajares, posiblemente en la penúltima década del siglo pasado.
Aunque El Bierzo se considera tradicionalmente tierra de paso, el paso no era tan fácil: Napoleón se quedó en Astorga, la diligencia Ponferrada-Ourense tardaba veintiuna horas, y el ferrocarril estuvo años atascado en Brañuelas. Precisamente en Brañuelas toma el coche-correo a Vigo el famoso viajero Charles Davillier, en 1963. Cuando Davillier cruza El Bierzo desconocía la fotografía, pues se hace acompañar del dibujante Gustavo Doré. La secular incomunicación no era un tópico: «El país, extraordinariamente salvaje –escribe Davillier en Villafranca–, se hace cada vez más accidentado. En los pueblos donde para la diligencia, algunas jóvenes nos ofrecen vasos de agua, frutas y leche».
La primera locomotora llegó a Ponferrada en 1882 y las comunicaciones ferroviarias con Galicia no se completaron hasta 1883, año en que Alfonso XII inaugura el tramo Madrid-Coruña. Posiblemente este año, 1883, y este viaje real, sean la vía de paso de los primeros fotógrafos. Más allá de la vía férrea, los retratistas ambulantes, de apellidos extranjeros, se aventuran en caballerías, como Hans Gadow, que en 1895 recorre Riaño, Astorga, Ponferrada, Villafranca e incluso llega hasta la aldea de Burbia, en Ancares. Gadow saca instantáneas de valor etnográfico, pioneras en la historia de la fotografía leonesa.
Por lo demás, en la lista de casi mil fotógrafos anteriores a 1900 que enumera Fontanella, únicamente se mencionan dos fotógrafos leoneses, J.M. Cordeiro (1871) y Gracia, ninguno de ellos en El Bierzo.
Así pues, la llegada de la primera cámara fotográfica al Bierzo, debe situarse entre la consolidación técnica de la placa seca de gelatino-bromuro (1871) y la llegada del ferrocarril (1882). De hecho, las fotos más antiguas que publicamos son placas de cristal de 1880-1883, en las que el autor –posiblemente un ingeniero vinculado a la construcción del ferrocarril– recoge los trabajos de la draga y la sonda en el río Sil a su paso por Toral y La Barosa: la construcción de los puentes de la Lagartera, Rairós, El Paso y del Estrecho, etc. Aunque esta importante serie de placas no tiene fecha, es evidente que son anteriores al 1 de septiembre de 1883, día en que los reyes Alfonso XII y María Cristina cruzan por primera vez el puente del Estrecho, tras dormir en un furgón del Tren Real, en la estación de Toral de los Vados.
Tres años más tarde, en 1886, aparecen datadas dos magníficas fotos en color sepia del claustro de profesores y alumnos del Instituto de Ponferrada en el curso (1886-1887). La serie de placas de cristal de 1880-1882 y estas dos joyas de 1886 son, cronológicamente, los puntos de referencia más lejanos en la pequeña historia de la fotografía berciana.
Con la vía de penetración del ferrocarril, la fotografía entra en los acontecimientos sociales y familiares (procesiones, ferias, fiestas en el Cristo, bailes de carnaval, bodas, viajes) y en sucesos noticiosos que anticipan el futuro fotoperiodismo (accidente de un avión, funambulistas encaramados a la Torre de la Encina, competiciones de esgrima, etc.).
Los focos de atracción fotográfica se polarizan en torno a la pequeña burguesía local, hasta que surge la impresión de postales que, a partir de 1910, alcanzarán gran auge (en aquella época llegaron a venderse millones de postales. Baste un ejemplo: entre 1902 y 1905 se vendieron en España 180.000 colecciones de la serie Kaulak, ¡Quién supiera escribir!, de 10 tarjetas cada una, a 15 céntimos la postal). Muy pronto, las postales también llegarían a ser populares en El Bierzo, donde la imprenta de Veremundo Nieto o comercios como Confitería Romero inician su impresión. Sólo en Ponferrada hemos catalogado una veintena de series, la mayor parte de ellas incompletas, lo que indica el escaso interés prestado a su conservación.
Con el nuevo siglo, el fenómeno social de la fotografía puede considerarse definitivamente implantado en El Bierzo y su desarrollo correrá igual suerte que en el resto del país: una suerte dudosa, pues, contemplando las viejas fotografías, hemos experimentado con frecuencia la sensación de que las postales y retratos actuales no han logrado mejorar la calidad, la belleza y el encanto conseguidos por los pioneros. Este libro es prueba de ello.
El álbum de don Adelino
El trabajo que aquí se presenta tomó como punto de partida «El álbum de don Adelino», extraordinaria colección de postales y fotos antiguas de Ponferrada, salpicadas de sabrosos comentarios y amenas curiosidades.
Su autor, don Adelino Pérez Gómez (1901-1990), pertenecía a una de las familias tradicionales de Ponferrada: su abuelo materno, don Rufino Gómez García, fue el introductor de la electricidad en Ponferrada, a finales de siglo. Personaje activo en la vida local ponferradina, don Adelino fue socio fundador de la Deportiva, fue alcalde y concejal del Ayuntamiento de Ponferrada en la postguerra, e impulsor de celebraciones religiosas como la peregrinación de la Virgen de la Encina por El Bierzo o, especialmente, de la tradicional Semana Santa ponferradina, siendo mayordomo de la Hermandad de Jesús Nazareno. Además de elaborar su «Álbum», don Adelino escribió las obras de teatro Estampas ponferradinas y Morenica de mis amores (evocación de las bodas de plata de la Coronación de la Virgen de la Encina); en 1975 recibió un homenaje popular en el Casino La Tertulia y se dio su nombre a una calle de la ciudad a la que había dedicado tantos esfuerzos.
«El álbum de don Adelino» consta de casi un centenar de hojas en las que don Adelino mezclaba postales antiguas y modernas, fotografías, imágenes de la Virgen de la Encina, anotaciones manuscritas, pies de foto escritos a máquina en tiras de papel, etc.
Ese álbum de recuerdos que todo el mundo hace alguna vez de su familia, don Adelino lo hizo durante años de su gran familia de vecinos ponferradinos pues, sin duda, él sentía nuestro Casco Antiguo como su propia casa. Por ello «El álbum de don Adelino» es familiar, doméstico, casi íntimo. Tiene todo el encanto y la ternura de las cosas hechas con cariño. Por esta misma razón, carece de rigor histórico: las fechas de don Adelino deben entenderse siempre como indicativas o aproximadas, incluso a veces poco aproximadas, en su afán por dar más antigüedad a fotografías y postales y a lo que éstas representan.
La ausencia de rigor no empaña el valor documental del «Álbum», cuyas anotaciones son siempre interesantes, ni mengua el mérito de su autor al recoger, guardar y conservar cuidadosamente nuestro patrimonio fotográfico y, con él, la memoria del patrimonio arquitectónico, tan arruinado y destruido. Piénsese que gracias a la fotografía tenemos hoy constancia exacta de cómo eran y dónde se hallaban edificios de valor singular y desaparecidos para siempre, para desgracia y vergüenza de los ponferradinos: el Castillo (derruido a partir de 1850), el Arco del Pairaisín († 1940), la ermita del Sacramento († 1959), el Convento de San Agustín y el Teatro († 1963), la iglesia barroca de San Pedro († 1963), la Bóveda († años sesenta), el puente de piedra sobre el río Sil († 1953), el campo de fútbol de Santa Marta († 1974), el cementerio del Carmen († 1965) etc.
Ésta es la aportación más valiosa del «Álbum», gracias a la gran colección de postales reunidas apasionadamente por don Adelino. Harto de que se las robaran cada vez que las prestaba, escribió a máquina su nombre en muchas, cosa que hoy resulta molesta estética y documentalmente. Ello no impidió que le siguieran mangando postales y, de hecho, algunas de las que se reproducen las hemos localizado en segundas y terceras fuentes.
A pesar de los desaprensivos, el «Álbum» viajó intensamente por los hogares ponferradinos. Don Adelino lo prestaba a quien se lo pedía e incluso lo ofrecía a colegios y academias, que lo hacían circular en sus aulas, entre los alumnos. Un auténtico apostolado cultural ponferradino, que él mismo definió así: «En mi locura de amor a Ponferrada, os ofrezco este álbum con fotografías que evocan tiempos pretéritos llenos de historia, figurando en destacado lugar nuestra Reina celestial y Patrona de este Bierzo encantador, la Santísima Virgen de la Encina».
El Álbum del Bierzo (1880-1936)
En 1989, los autores de esta obra participamos en la creación de la Asociación de Vecinos del Casco Antiguo de Ponferrada y desarrollamos durante un año una notable actividad en defensa de nuestro patrimonio arquitectónico, De aquella pelea, quizás no del todo estéril, quedo testimonio en nuestro libro El Casco Antiguo de Ponferrada ante su Plan Especial.
Aquel esfuerzo por acercarnos más al Casco Antiguo, pateándolo un día y otro, conversando con los vecinos, descubriendo sus rincones, nos hizo tomar conciencia de dos hechos: la ciudad arquitectónica de la vieja trama urbana de Ponferrada y el gran deterioro en que estaba y está sumida. Fue entonces cuando comenzamos a indagar en las fotografías antiguas de la ciudad, a propósito de una exposición sobre el Plan Especial (que al escribir estas líneas sigue sin ser aprobado). Tres años después pasamos el relevo de la Asociación a otros vecinos, pero continuamos la búsqueda de fotos, contagiados de algún extraño veneno fotográfico, tal vez cloruro de plata.
Siguiendo los pasos de don Adelino, al que esta obra rinde homenaje, nuestra primera labor fue continuar y completar su colección de postales, lo que ha sido de los trabajos más entretenidos de este libro. La búsqueda de postales nos ha llevado a recorrer docenas de librerías de viejo y baratillos en los rastros de Madrid, Barcelona, A Coruña, Oviedo, León y Santiago de Compostela. Hemos visto preciosas y tentadoras postales de los más diversos lugares; pero, entre cientos y cientos, encontramos muy pocas de Ponferrada, Villafranca o Bembibre. A veces, cansados de no encontrar lo buscado, pudo más el fetichismo y, enamorados de una postal coloreada de Sevilla o de Mondariz-Balneario, la adquirimos secretamente, a modo de consuelo.
Poseídos por la enfermedad del cloruro de plata, continuamos la labor de don Adelino, con el objetivo de recuperar la memoria de nuestro patrimonio. La memoria es mucho más que el recuerdo. Recuerdos, cada cual tiene los suyos y por ello los jóvenes bercianos jamás poseerán el recuerdo de cómo fue antes de nacer su valle, su ciudad, la plaza mayor de su pueblo, o cómo trabajaban o se divertían los convecinos de principios de siglo. Cuando no existe el recuerdo –porque algunos mayores los han olvidado, o porque los jóvenes no lo han tenido– es necesaria la memoria, esto es, la voluntad de aprehender el pasado para comprender mejor nuestro presente.
He aquí, pues, nuestra aportación a «las fuentes de la memoria», en palabras que sirven de título a un vasto proyecto coordinado por Publio López Mondéjar. Este Álbum es una aportación valiosa, pero sin pretensiones de tesis históricas; ni es ni pretende ser una historia de la fotografía en El Bierzo, capítulo de nuestra historia que, como otros, está por hacer.
Por el contrario, hemos procurado excitar la memoria en el lector, despertar el amor por nuestro patrimonio en los más jóvenes, y alertar en todos el sentido crítico para salvar y recuperar las especies fotográficas en grave peligro de extinción.
En nuestra primera intención, se llamó «El álbum de Ponferrada y del Bierzo», pero debemos a Ramón Carnicer la oportuna precisión de suprimir el artículo determinado. Sea pues, no «el álbum», sino Álbum del Bierzo a secas, y vengan pronto más y mejores álbumes a cargarnos las alforjas de estampas memorables, pues aquí no están –ni mucho menos– todas las fuentes de la memoria berciana; ni siquiera todas las fuentes fotográficas, que son mucho más extensas.
La que se publica ahora es una primera selección, escogida entre más de un millar que han sido depositadas en los fondos de la Filmoteca de Castilla y León. El lector tiene ante sí un ejército de imágenes y testimonios que pone cerco al olvido. Queda así su pasado el testigo a nuestros hijos para que continúen la labor y no pierdan la memoria de sus orígenes.
Ámbito cronológico y geográfico
Este Álbum del Bierzo comprende desde la llegada de las primeras fotografías al Bierzo, en las últimas décadas del siglo pasado, hasta la Guerra Incivil (1880-1936).
Hacia atrás no hubo metodológicamente otra limitación que la mera carencia de fotografías anteriores a 1880; nuestra intención y nuestra búsqueda han sido exhaustivas, pero los resultados son los que se ofrecen.
Hacia adelante, sin embargo, era preciso poner un límite y hay varias razones obvias para detenerse en 1936. Primera, con la Guerra se produce una ruptura en la pacífica estética familiar de los años veinte. Durante la guerra se afianza una suerte de fotoperiodismo (al estilo de Robert Capa) que nada tiene que ver con lo anterior.
Segunda, en la postguerra, tras un paréntesis en el que la fotografía es postergada por necesidades más perentorias, comienza a surgir un tipo de fotografías en blanco y negro, de pequeño formato, con bordes irregulares y estética cutre (especialmente en contraste con los espléndidos retratos y postales de la época anterior). De esas pequeñas fotos dentadas que enviaba el quinto a su novia desde el cuartel, podríamos encontrar centenares en los álbumes familiares de todos los bercianos. Como nuestro Álbum se detiene en 1936, algún día habrá quien tenga el gusto y la paciencia de continuarlo, y no le faltará material. Por excepción, incluimos algunas fotografías posteriores a 1936 que nos parecieron convenientes para documentar algún edificio o episodio singular.
Hay una tercera razón para concentrar nuestro esfuerzo en las primera décadas: con el final de siglo muere también físicamente la última generación de personas que guardan la memoria viva de aquella época y que puedan contarnos de palabra lo que las fotografías conservan para siempre. Ferias, mercados, tradiciones, desaparecidas, edificios destruidos por la piqueta del «progreso», personajes y familiares ausentes... Era urgente hacer esta recopilación porque dentro de diez años apenas quedarán estas fuentes vivas de la memoria. Tenemos la certeza de que, repasando las páginas de este Álbum, muchos testimonios se avivarán y fluirá, de abuelos a nietos, el caudal rico de sus recuerdos.
Por último, el ámbito geográfico de la obra es, sencillamente, El Bierzo. En consecuencia, ponga cada lector, berciano o no, sus límites donde guste, que los autores se llaman andanas en cosa de ponerle puertas al campo. En esta encrucijada de caminos, y por tratarse de un álbum de recuerdos, no hay otra frontera que la del afecto. Y cada cual se apañe con el suyo.
Algunas tareas pendientes para la historia de la fotografía berciana
La publicación de esta selección culmina nuestro esfuerzo, pero debería de ser estímulo para el inicio de otros trabajos necesarios. De hecho, nuestro libro fue concebido en principio como una obra en tres tomos dedicados a las principales villas y a sus respectivos entornos.
De aquella obra se desgajó un primer tomo, Álbum de Bembibre, publicado por Manuel Domínguez y Valentín Carrera, editado por el Ayuntamiento de Bembibre en junio de 1994, con motivo de la Salida del Santa «Ecce Homo». En esta obra publicamos una selección de más de doscientas imágenes de Bembibre y del Bierzo Alto, pertenecientes a la colección de los autores, depositada en la Filmoteca de Castilla y León, razón por la que ahora se incluye una selección de Bembibre simbólica.
En el caso de Villafranca, el libro está por hacer, pero Consuelo Álvarez de Toledo y la Asociación de Amigos de Villafranca han iniciado el trabajo de recopilación fotográfica, por lo que pronto tendremos un tercer tomo, que ojalá no sea el último. Por ello nos hemos limitado a otra selección igualmente simbólica.
Estas circunstancias explican el mayor peso específico que tiene aquí la ciudad de Ponferrada, unido el hecho de que el origen del libro fue «El álbum de don Adelino», netamente ponferradino.
Por lo demás, hechos históricos como la llegada del ferrocarril, la expansión minera de 1918 o las romerías marianas, fueron comunes a toda la comarca del Bierzo. Sin querer ser exhaustivos (las exclusiones eran inevitables por motivos de espacio), el lector encontrará fotografías de numerosos lugares bercianos: Cacabelos, San Miguel de las Dueñas, La Barosa, Quereño, Tremor, Cubillos, Campo, Villablino, Noceda, Los Barrios, San Andrés de las Puentes, Rimor, etc.
Sin embargo, estos y otros lugares siguen siendo hontanares abiertos de la memoria. Además del futuro libro de Villafranca, hay otros trabajos pendientes que sugerimos a los jóvenes que hoy estudian bachillerato.
Una de las primeras tareas debiera ser una monografía dedicada al fotógrafo ponferradino Arturo González Nieto, fotógrafo de la infanta real apodada «La Chata». Arturo González Nieto estudió en Granada, donde tuvo estudio fotográfico. En su tierra retrató con gusto la vida social ponferradina: excursiones campestres, fiestas en las fincas señoriales del Boeza (familia Matinot), de Campo (familia Valdés) o de Cubillos. Fue el cronista principal de los actos de la Coronación de la Virgen de la Encina (1908). Durante veinte años publicó en revistas de la época y ganó importantes premios; la Guerra Civil lo cogió en el Japón, de donde regresó enfermo. Falleció en Altea en 1938. Su memoria y buena parte de su obra las ha conservado celosamente María Teijelo.
Hay otras colecciones privadas que deben ser recuperadas, catalogadas y publicadas urgentemente. En Villafranca , la de Alejo Carnicer y Balbino Álvarez de Toledo. En Ponferrada, la de Severo Gómez Núñez, Valdés, Pedro F. Matachana e Ignacio Fidalgo (semanario «Aquiana»); entre otros. En Bembibre, el tesoro estético de Bernardo Alonso Villarejo.
Por último, para completar la historia de la fotografía en El Bierzo, será preciso también seguir el rastro a las fotos de S. Esperón en Toledo, L. Roisin en Barcelona, Ksdo en Galicia y los fondos de la Fundación Fermín Penzol en Vigo. Quizás entonces aparezcan algunas de las fotos que nos hubiera gustado encontrar: imágenes de la Casa-cuna en la calle Cruz de Miranda, del interior de la iglesia de San Pedro, de los molinos de las Huertas del Sacramento y de la Borriquita que había en la ermita, de la capilla del Cristo... y tantas otras.
Agradecimientos
En contraste con la generosa entrega de don Adelino, que dejaba su Álbum, a todos, en nuestra búsqueda no faltó algún que otro coleccionista tan celoso de su tesoro que no hubo forma de acceder a él, pero ni siquiera recordamos sus nombres...
Sí debemos mencionar, en cambio, con toda nuestra gratitud, a las muchas personas y familias que nos abrieron sus casas y nos permitieron acceder a sus colecciones y recuerdos familiares. A todos –incluso, si olvidáramos mencionar a alguien–, nuestro sincero reconocimiento.
Tenemos que comenzar por Carmela Nieto que, como una nueva Santa Egeria, removió Roma con Santiago y se convirtió en la más entusiasta buscadora de fotografías: no pasaba día sin dejarnos un sobre escrito por dentro y por fuera con dos o tres fotografías, una fotocopia o cualquier hallazgo sorprendente. María Teijelo nos facilitó amablemente una treintena de excelente fotografías de Arturo González Nieto y numerosos datos y revistas de interés. Pepe y Nino Cubelos, con el entusiasmo que les caracteriza, pusieron su granito de arena en el tema de la Deportiva Ponferradina, que completaron con otros aportaciones Angélica Pacios y Enriqueta Quiroga. La familia de Amalio Fernández también contribuyó, aunque la obra de Amalio –publicada en «Luz y Palabra»– es posterior a 1936.
Ignacio Linares nos entregó una colección de las postales de Esperón (Toledo) reeditada en los años cincuenta por Eugenio Prieto (Negrín), notable fotógrafo ponferradino. El pintor Luis Gómez Domingo se había tomado el trabajo de hacer negativos de varias colecciones de fotografías: sus reproducciones nos pusieron en la pista de fotos, postales y series enteras hasta entonces desconocidas.
Entretanto, los fotógrafos pontevedreses Anxo Cabada y Enrique Acuña, y los madrileños Gerardo F. Kurtz y Enrique Sáenz de Pedro, nos dieron las primeras indicaciones técnicas. El doctor Joaquín Díaz nos puso en contacto con el fotógrafo madrileño Ángel Calso, que realizó con entusiasmo y paciencia encomiables las delicadas copias de diapositivas a partir de placas de cristal.
El arquitecto Antoni González indagó en el Archivo Mas de Barcelona y nos remitió siete fotografías de los años sesenta. El Instituto Gil y Carrasco y la sociedad La Obrera nos permitieron fotografiar algunos cuadros que cuelgan en sus paredes. Los colegas de «Diario de León» y «La crónica 16 de León» nos dejaron hurgar en los desordenados cajones de sus archivos y algo apareció...
Manuel Domínguez contribuyó con su colección de Bembibre y Santiago Castelao nos aportó una serie de imágenes de Villafranca. Mención especial merece la generosa aportación de Ezequiel Quintana Llamas, a quien este libro y la historia de la fotografía berciana deben la recuperación de algunas de las imágenes más valiosas.
En estos cuatro años tuvimos siempre el apoyo, desde Valladolid, de María José Gómez y Manuel Fuentes. En Santiago, Manuel Posada y José Cerdeira colaboraron en la maqueta.
A don Ramón Carnicer, nuestra admiración.
Sin la agudeza y la sensibilidad de los arquitectos Andrés Lozano y Javier Ramos se nos hubieran escapado algunos detalles del urbanismo ponferradino. Y sin la perspicacia y la intuición de Nieves y Macarena del Barrio se nos hubieran escapado otros detalles no menos significativos...
Nuestro último agradecimiento es para todo el personal de la Filmoteca de Castilla y León que trabaja con ahínco en la recuperación del patrimonio audiovisual; y para Carlos de Casa, Director General de Patrimonio y Promoción Cultural de la Junta de Castilla y León.
- Fiat!
Y la memoria se hizo. Y fue con estos mimbres que van dichos, que urdimos este maniego en el que se escurren la lluvia de la amnesia y las riadas del olvido, y quedan limpias y presentes las imágenes de la memoria.

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Publicado por VRedondoF para ALBUM el 7/01/2008 06:38:00 PM
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[ALBUM] Hontanares del recuerdo Ramón Carnicer

Hontanares del recuerdo
Ramón Carnicer
La consideración de la historia como maestra de la vida es una de las muchas afirmaciones carentes de sentido. Y ello porque la historia no es una entidad objetiva, algo que tengamos a mano, segura e invariable –como puede serlo el metro u otra unidad mensuradora–, para valorar lo presente y para anticipar los rumbos de un futuro más o menos inmediato. Los historiadores nos comunican hechos pasados recogidos de fuentes muy diversas, someten unos y otros a análisis crítico y llegan a conclusiones con las que construir la verdad histórica. Pero el proceso conducente a esta verdad está inevitablemente teñido por la subjetividad del historiador, por sus ideas, sentimientos y creencias, por la mayor o menor amplitud de su saber, por su concepción del mundo y de la vida, por su adscripción a esta o la otra escuela o entendimiento de la función de historiar. Ningún tipo de conocimiento humano está más sujeto a divergencias, rectificaciones, adiciones y sustracciones que el conocimiento histórico. Para traer una muestra próxima a nosotros bastará recordar, dentro de la historiografía española, la disparidad de criterios, la tremenda hostilidad personal de aquellos dos grandes y en muchos aspectos respetables energúmenos llamados Claudio Sánchez Albornoz y Américo Castro. Si esto ocurre a menudo en lo concerniente al pasado de una nación, es más frecuente todavía cuando la historia rebasa los límites de aquélla y se adentra en los conflictos, rivalidades y pugnas de dos o más poderes nacionales enfrentados o aliados entre sí frente a otro u otros poderes encaminados a las mismas conquistas o prevalencia hegemónica. Y si venimos a las zonas más espurias de la exposición histórica, aquéllas en que tal exposición se falsea al dictado de objetivos políticos estrechos –tal es el caso de ciertas versiones del pasado urdidas en torno a la actual organización autonómica de España–, la sorpresa alcanza límites escandalosos.
La conclusión a la que finalmente se llega es ésta: la historia es el más adulterable de los saberes humanos. Con todo, la indagación sobre el pasado es una de las constantes más frecuentes en el espíritu humano, porque para conocernos a nosotros mismos y saber en qué medida alcanzamos la condición de personas, necesitamos saber cómo fueron, cómo pensaron nuestros antepasados. Éste es el gran torcedor que aqueja a cuantos, insatisfechos con lo presente, siembran su mente de interrogantes y bucean a la busca de respuestas en las profundidades de lo pretérito. ¿Fue en este o en aquel lugar del mundo, En este o en el otro siglo o período donde se dio lo más auténtico y valedero de ese ser inquieto, ávido de perfecciones –en los casos más ejemplares– y siempre menesteroso al que llamamos hombre?
Lo antedicho podrá parecer desproporcionado respecto del encargo de presentar el Álbum del Bierzo que el lector tiene en sus manos. Pero no lo es si se considera que esta «fuente» de conocimiento del pasado, estas instantáneas de la tierra berciana están al margen de consideraciones descalificadoras y constituyen un inapreciable documento que excede sus límites geográficos y refleja una buena porción de la totalidad española de fines del siglo XIX y una parte del XX. Todas estas fotos fueron hechas antes de que la fotografía constituyera un elemento de expresión artística y se aproximara por ello al subjetivismo de la pintura. Responden a un propósito meramente documental. Mediante ellas asistimos, por ejemplo, a la paulatina conversión de la carretera de La Puebla ponferradina en avenida; a las distintas remodelaciones de su plaza de la Constitución, con persistencia de una tradición arquitectónica menor, junto con algún que otro desatino, como el de derribar uno de sus componentes, albergue un tiempo del Instituto, para erigir en su lugar un edificio que rompe la unidad, siquiera imperfecta, del conjunto. Contemplamos sorprendidos la perfecta armonía de las casas del Rañadero con su hoy desaparecida pavimentación, escalonada, de cantos rodados. Y aparte los elementos monumentales, con muestras ubicadas en toda la amplitud berciana, vemos la indumentaria de la gente popular (blusa, faja, gorra de visera o boina, alpargatas en los hombres; largas sayas, mantones y pañuelos a la cabeza de las mujeres). Y a la vez sombreros de copa, levitas, chalecos con muchos botones y ornamentos áureos en los favorecidos por la fortuna, y gran alarde textil en los vestidos y en los monumentales sombreros de sus señoras. Y junto con todo ello, festividades, ferias, mercados, con viejas romanas como instrumentos de peso, testimonios de oficios manuales hoy desaparecidos, mulos, asnos y la sorprendente aparición de los automóviles. Y acá y allá gente humilde, pordioseros, un muchacho tullido y apoyado en viejas y desproporcionadas muletas de madera... El desarrollo del ferrocarril y la expectación que producía su paso daban pie a que el paseo de la tarde se hiciera en los andenes de las estaciones; al arrancar, el tren correo dejaba en los paseantes una difusa nostalgia y permitía imaginar extraordinarias aventuras de quienes, con un guardapolvo amarillo, continuaban viaje hasta quien sabía donde.
Para los jóvenes resultará chocante sorprender a través de estas fotos unas formas de vida muy diferentes de las actuales. Para los que ya no lo son resultará increíble –en otro orden de cosas– la actual desolación arbórea del jardín de Villafranca al contemplar en el Álbum la perdida fronda de los grandes y copudos negrillos y los dos maravillosos, idénticos y altísimos pinsapos que crecían en él.
En este Álbum no aparecen registros dinásticos, batallas ganadas, armisticios, mariscales en pie de o a caballo, papas ni cardenales. Aparece sobre todo la estampa de quienes trabajan siempre, sufren a menudo y disfrutan de vez en cuando, es decir, los estratos que soportan a quienes desde los altos puestos de la vida sobresaltan con catástrofes y con pomposas vanidades la existencia de los de abajo, ajenos a interpretaciones petulantes del vivir y luchando de continuo por sobrevivir bajo las fantasías de quienes se consideran constructores de los destinos humanos.

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Publicado por VRedondoF para ALBUM el 6/24/2008 06:30:00 PM
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[ALBUM] PRESENTACION



Presentación
Esta publicación que tienes en las manos, lector, es un aldabonazo de luz, una llamada de atención, una sacudida estética que nos devuelve la emoción de las viejas fotografías.
Durante cinco años, los autores han recopilado centenares de fotografías del Bierzo, han indagado en numerosos archivos y colecciones particulares, han rebuscado en las ferias y en las librerías de viejo. Acometieron este trabajo con pasión de coleccionistas, pero también con la voluntad constructiva de quien sabe que tiene en sus manos el frágil y delicado material de la memoria, constantemente amenazado por el olvido. Por ello, era preciso darlo a conocer.
Había que publicar esta obra porque no es una simple recopilación de fotografías más o menos antiguas y hermosas, sino también una llamada de atención sobre la necesidad de salvaguardar el patrimonio arquitectónico de nuestras villas y ciudades.
Este Álbum recupera la memoria fotográfica del pueblo berciano, a través de una colección de más de trescientas imágenes (1880-1936); magníficas postales y fotografías antiguas, acompañadas de textos explicativos sobre la historia, vida y curiosidades de Ponferrada, Villafranca, Cacabelos o Bembibre; sus personajes, ferias y mercados, fiestas tradicionales, procesiones, arquitectura, acontecimientos singulares, como la llegada del ferrocarril o el primer funambulista encaramado en la Torre de la Encina.
La presente contribución al enriquecimiento del patrimonio fotográfico de nuestra Comunidad debe entenderse, sin embargo, como una tarea abierta. Primero, el Álbum de Bembibre y, ahora, el Álbum del Bierzo, son los primeros frutos, a los que deben seguir otros. Los propios autores sugieren a los jóvenes estudiantes numerosas tareas pendientes para ir haciendo la historia de la fotografía berciana, que es, en definitiva, una parte muy querida de la historia de la fotografía castellano-leonesa.
Juan José Lucas
Presidente de la Junta de Castilla y León



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Publicado por VRedondoF para ALBUM el 6/24/2008 06:22:00 PM
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[DEL OLMO] s2t2 -Luis del Olmo es distinguido como Berciano ilustre en Cataluña

Luis del Olmo es distinguido como Berciano ilustre en Cataluña


La Asociación de Bercianos en Cataluña (Asobecat) distinguirá al popular locutor Luis del Olmo con el título de Berciano Ilustre en Cataluña, coincidiendo con el festival del botillo que esta asociación de bercianos afincados en Cataluña celebran cada año. Según ha confirmado el presidente de la asociación, el faberense Cesar Argüelles. esta decisión fue comunicada hace unos días a Luis del Olmo, al mismo tiempo que, para darle el realce que el homenajeado se merece, la asociación ha invitado al acto al presidente del Consejo Comarcal, José Luis Ramón, y al alcalde de Ponferrada, Carlos López Riesco entre otras autoridades de la comarca. El Sexto Festival del Botillo y el nombramiento de berciano ilustre tendrá lugar el 7 de febrero La Asociación de Bercianos en Cataluña fue fundada en el año 2004. | m.e.

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Publicado por VRedondoF para DEL OLMO el 6/12/2008 01:47:00 PM
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Etapa 23 del Camino Francés: Ponferrada - Villafranca del Bierzo

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En ella encontraras mapas y el Articulo ORIGINALcompleto

Etapa plena en la hoya –20 kilómetros de ancho y 60 de largo– del Bierzo.

Comarca rodeada por la cordillera Cantábrica, los montes gallegos y por los montes Aquilanos. Está región posee un magnífico paisaje donde el clima benigno fructifica en abundantes viñedos, huertas y frutales, e incluso plantas de tabaco que jalonan la ruta peregrinal.

De Ponferrada se sale por Compostilla, su corazón industrial, y se llega a Columbrianos, donde se pueden contemplar restos de antiguos castros romanos. Siguiendo por el aún llamado Camino Real, se entra en Fuentes Nuevas, en esta localidad se puede visitar la ermita del Campo Divino Cristo, un poco más adelante se aparece la bonita y crecida Camponaraya con su iglesia dedicada a San Ildefonso, obispo de Toledo. Llegamos a Cacabelos que se atraviesa por la Calle de los Peregrinos, auténtica espina dorsal de la atractiva villa.

En las proximidades de Cacabelos se alzan los restos del Monasterio de Santa María la Real del siglo X, luego viene la población de Pieros con su iglesia de San Martín de Tours para llegar a Villafranca del Bierzo. Localidad señorial, considerada como el corazón de la comarca berciana y asentada a orillas del río Burbia en su confluencia con el Valcarce, es la más galaica de las ciudades leonesas. El aroma de las empanadas bercianas, el botillo, los cachelos y el lechazo nos guiará hasta la tasquera calle del Agua.

El itinerario

Esta etapa se puede considerar sencilla, ya que no cuenta con ninguna dificultad señalable. Los primeros kilómetros transcurren por asfalto, aceras y carreteras, por lo que no aportan mucha belleza al itinerario. Una vez pasado Pieros hay dos opciones para recorrer los últimos kilómetros: la ruta más oficial (con más asfalto) y una alternativa que pasa por Valtuilla de Arriba. Esta segunda opción es más larga (kilómetro y medio más) pero ofrece la posibilidad de disfrutar de un tramo de gran belleza, paisajes estupendos y una enorme tranquilidad. Al principio el piso no está en buen estado, pero luego mejora y no hay ningún problema.

Qué ver y qué hacer

Cacauelos:
La villa a orillas del río Cúa fue destruida por las tropas de Almanzor y por un terremoto, y posteriormente fue reconstruida por el obispado de Santiago. La iglesia de Nuestra Señora de la Plaza fue construida en los siglos XVI y XVII; aún quedan restos románicos como el ábside. En el pórtico hay una Virgen románica del siglo XIII. En el santuario del Virgen de las Angustias hay una imagen del Niño Jesús jugando a las cartas con San Antonio de Padua. Merece la pena visitar el Museo Arqueológico, donde se recogen abundantes muestras del rico pasado prerromano y romano de la comarca (a 2 kilómetros se encuentra el Castrum Bergidum, capital de los astures que acabo dando nombre a la comarca). Junto a la ermita de San Roque sigue abierto el taller de Moreira, el célebre zapatero de Cacabelos que lleva 32 años reparando el calzado de los peregrinos. Cacabelos tiene 4.360 habitantes y se pueden encontrar servicios de todo tip.

Villafranca del Bierzo:
El origen de Villafranaca del Bierzo se remonta a las comunidades de francos, comerciantes extranjeros, que allí se establecieron con Alfonso VI, y sobre todo a la fundación de una comunidad de monjes cluniacenses en el año 1070. En el siglo XII la mitad de la población era extranjera. Nada más entrar en Villafranca se encuentra la iglesia de Santiago, templo románico lombardo de una sola nave y con la magnífica portada del Perdón. El Papa español Calixto III concedía a los peregrinos enfermos o impedidos que pasaban por esta puerta las mismas indulgencias que si hubieran llegado a Santiago. La calle del Agua atraviesa la ciudad de una a otra parte, en ella se encuentran varios palacios y un convento. El castillo de los Marqueses de Villafranca (s. XVI) es de propiedad individual y tuvo mucha relación con la historia del pueblo. El convento de la Anunciada de 1606 se erigió sobre el antiguo Hospital de San Roque, la tradición dice que San Francisco de Asís se hospedó en él. Villafranca tiene una bonita Plaza Mayor y una Alameda de estilo francés. Abundan las tiendas y los bares.

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Albergues de la etapa
Albergue de Cacabelos
Plaza del Santuario. A la salida del pueblo
Cacabelos (León)
987 54 60 11. La casa de cultura
Refugio Ave Fénix de Familia Jato
C/ Santiago, 10
Villafranca del Bierzo (León)
987 54 02 29
Albergue Municipal Villafranca del Bierzo
Desvío a la derecha de la Iglesia de Santiago, primer edificio del pueblo
Villafranca del Bierzo (León)
987 54 26 80. Ayuntamiento: 987 54 00 89. Turismo: 987 54 00 28
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Fotos de los peregrinos

Viñedos del Bierzo [Satur]
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Iglesia de San Francisco de Villafranca del Bierzo
Monumento
Iglesia de San Francisco de Villafranca del Bierzo
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Etapa 22 del Camino Francés: Rabanal del Camino - Ponferrada

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La proximidad de Galicia se deja sentir en esta etapa, la comarca del Bierzo fusiona culturalmente el viejo reino leonés y el ancestro galaico.

Muy cerca del monte Irango, yacen hoy las ruinas de Foncebadón, antaño importante localidad en el Camino. En la actualidad hay un bonito hostal. Coronando el puerto (1.504 metros de altitud) se levanta la Cruz de Ferro, uno de los monumentos más simples pero más emblemáticos del Camino.

Sobre un montón de piedras se yergue una sencilla cruz de hierro. Los peregrinos, cuando arrojan una piedra sobre el montón, se suman a una tradición milenaria para pedir protección en el viaje. Se cree que antes había un altar romano dedicado a Mercurio. Se pasa por el pueblo abandonado de Manjarín, donde sólo Tomás el hospitalero atiende al peregrino, y se llega a El Acebo que da la bienvenida al Bierzo.

La parroquia de Riego de Ambrós está dedicada a la Magadalena y en Molinaseca se atraviesa un puente románico sobre el río Meruelo. En Campo, a la derecha del Camino, hay una fuente medieval, a modo de aljibe subterráneo. La gran urbe de Ponferrada devuelve al peregrino al siglo XX, aunque bien es verdad que el recuerdo de los caballeros templarios nos transporta otra vez a la Edad Media. La Orden del Temple fue creada por Hugo de Paganis para la defensa de los peregrinos que iban a Jerusalén.

El itinerario

En esta jornada se alcanza la cota más alta de todo el Camino. Es una de las etapas más bonitas y la preferida de muchos peregrinos, si bien es un tramo muy largo y nada sencillo. A la hora de partir de Rabanal, el caminante debe salir ya muy mentalizado de la dureza del itinerario, para superar todas las dificultades y disfrutar de los paisajes y la belleza del terreno, sobre todo en el descenso. Los senderos por los que transcurre el itinerario no son malos, pero en algunos puntos es necesario ir con mucha atención.

Principales dificultades

- A la dureza del camino se añade en este tramo la falta de sombras para cobijarse del sol que, según en qué época del año, puede ser un fuerte enemigo.

- Es una de las etapas más largas, y se cubre en aproximadamente ocho horas. Tanto tiempo caminando puede traer problemas.

Qué ver y qué hacer

Manjarín
Es un pueblo totalmente despoblado y desmoronado, la única casa habitada es la del refugio. Cuando hay niebla el hospitalero toca una campana para orientar a los peregrinos. Se sabe que hubo un hospital de peregrinos en el siglo XVI. Son curiosos los carteles indicativos de los kilómetros que hay desde Manjarín a muchas partes del mundo. Tomás organiza por las noches mesas redondas sobre temas espirituales.

El Acebo:
El Acebo es un estético pueblo cuya arquitectura popular de tejados de pizarra y el acento de sus habitantes indican que ya estamos plenamente en el Bierzo. La Calle Real es de las más pintorescas de León. En El Acebo quedaron exentos de pagar tributos al rey a cambio de colocar 800 estacas que indicasen el Camino a los peregrinos. En su iglesia parroquial de San Miguel se guarda una escultura en piedra policromada con una túnica con flores que no se sabe bien si representa a Santiago, al Salvador o a San Juan Evangelista. A la salida del pueblo una placa recuerda al peregrino alemán Heinfich Krause muerto cuando viajaba en bicicleta. Hay dos restaurantes donde sirven comida típica.

Riego de Ambrós:
Pueblo típico de El Bierzo, con los tejados de pizarra, donde se alternan los verdes prados con productos hortifrutícolas y la tradicional ganadería. Su proximidad a Ponferrada hace que sea un lugar visitado los fines de semana. Son muy bonitas la iglesia de la Magdalena y la Capilla de San Sebastián.

Molinaseca:
A la entrada de Molinaseca se encuentra la Capilla de la Virgen de las Angustias, hermoso edificio barroco (s. XVIII) adosado al monte, sus puertas fueron forradas de hierro por la costumbre de los peregrinos de llevarse una astilla como recuerdo. El puente románico sobre el río Meruelo encauza a los peregrinos hacia la Calle Real donde se asentaba el hospital. Las casas son nobles y están blasonadas con escudos nobiliarios. Destaca también el soberbio templo de San Nicolás de estilo neoclásico. Hay tienda de comestibles y panadería, para comer hay varios mesones. En este pueblo, que tiene una treintena de bares para 600 habitantes y visitantes, tienen buena fama los chorizos y embutidos en general.

Ponferrada:
La última gran ciudad -60.000 habitantes- antes de llegar a Santiago. La capital del Bierzo está emplazada en un antiguo castro y sufrió diferentes ocupaciones y destrucciones. Durante la ocupación romana eran famosas sus minas de oro. En 1082, el puente de madera sobre el río Sil es reforzado con hierro, material muy abundante, dando el nombre de Pons Ferrata a la ciudad. El Castillo de los Templarios es un testimonio soberbio de lo que significó esta controvertida orden de monjes guerreros en Ponferrada. Es uno de los ejemplo más bellos de la arquitectura militar en España. Se ha convertido en la meca de los amantes de los templarios y de sus ritos de iniciación. La Basílica de Nuestra Señora de la Encina, patrona del Bierzo, es de transición gótico renacentista, tiene una elevada torre y el interior consta de una sola nave. Otros valiosos monumentos son el Convento de los Concepcionistas y el Ayuntamiento, al que se llega cruzando el arco del Reloj. En las proximidades de Ponferrada hay que visitar la iglesia mozárabe de Santiago de Peñalba, joya del prerrománico español. Los servicios son los habituales en una ciudad como Ponferrada que además es capital de comarca
Castillo Templario de Ponferrada
Monumento
Castillo Templario de Ponferrada

Fotos de los peregrinos

Palloza [ No olvides sustituir '(arroba)' por 'a' en tu programa de correo">Jesús Ortega]
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Albergues de la etapa
Albergue parroquial Domus Dei
C/ Real (en el propio edificio de la iglesia)
Foncebadón

Albergue parroquial Apóstol Santiago
Al lado de la iglesia
El Acebo

Refugio de Manjarín
Junto a la carretera. Única casa habitada del pueblo
Manjarín (León)
No tiene
Albergue de Peregrinos El Acebo
C/ Real, s/n
El Acebo (León)
987 69 50 74
Albergue - Mesón El Acebo
C/ Real, 16
El Acebo (León)
987 69 50 74
Albergue La Taberna de José
C/ Real, 19
El Acebo (León)
987 69 50 74
Refugio de Ponferrada
Calle de la Loma, s/n
Ponferrada (León)
987 41 33 81
Hospital de Peregrinos de Molinaseca
Manuel Fraga Iribarne, s/n
Molinaseca (León)
987 45 31 80 / 85
Refugio de Ponferrada
Calle de la Loma, s/n
Ponferrada (León)
987 41 33 81
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